viernes, 3 de marzo de 2017

El puente Anichkov

Los domadores. Foto de Ekaterina
Una de los puntos más reconocibles de San Petersburgo para el visitante suelen ser los puentes que cruzan los canales que cursan esta ciudad construida sobre una ciénaga por capricho de Pedro El Grande. El más famoso de ellos y el primero en ser levantado responde al nombre de Puente Anichkov y fue construido entre 1841 y 1842. Este puente, el cual se encuentra concretamente AQUÍ, fue bautizado así en honor al ingeniero que lo construyó: Mijaíl Aníchkov. La seña de identidad más reconocible de dicho puente (hoy en día bastante más ancho que el original para poder albergar los cuatro carriles de Nevski Prospekt, la segunda avenida más famosa de toda la Federación Rusa tras la moscovita Arbat) son las esculturas que la lo adornan, conjunto conocido como "los domadores de caballos" y que es la obra más famosa del Barón Peter Clodt von Jürgensburg (parece el nombre de un personaje de le Luthiers pero no, es un nombre real). La obra simboliza la lucha del hombre contra la naturaleza través de unos domadores de caballos y es una derivación de los Dioscuros del Monte Quirinal romano. Este conjunto escultórico cuenta con varias particularidades que suelen pasar ajenas al visitante y que son el objeto de la entrada de hoy para que cuando vayáis por Piter podáis luciros delante de las devochki.

  • Durante la Segunda Guerra Mundial las estatuas fueron retiradas y enterradas en los jardines del cercano Palacio Anichkov. De hecho a la hora de reconstruir el puente se decidió dejar uno de los pedestales con impactos de metralla como se puede apreciar AQUÍ (no, no son restos de un tiroteo de la mafia rusa aunque debo de reconocer que un día en la pizzeria cercana vi salir al tipo de apariencia más mafioso que recuerdo junto con sus guardaespaldas de dos metros) para recordar la historia del puente.
  • Si miráis los caballos con detalle, los dos que van en dirección Este AQUÍ y AQUÍ, y los dos que van en dirección Oeste AQUÍ y AQUÍ apreciaréis una ligerísima diferencia... o no. A ver si ahora... los que toman dirección Este AQUÍ y AQUÍ y los que van en dirección contraria AQUÍ y AQUÍ. Si miráis bien las fotografías apreciaréis que los que van en dirección Oeste llevan herraduras mientras que los que cruzan hacia el Este no las llevan. La solución a tal enigma se encuentra una calle más abajo según se cruza el puente en dirección Este donde en perpendicular a Nevski cruza la Liteyny Porspekt o Avenida de la Fundición donde antiguamente se encontraba la forja de la ciudad y donde se podían herrar caballos...
  • Según se cuenta tras morir el escultor alguien se dio cuenta que le faltaba la lengua a dos de los caballos... aunque esto huele más a leyenda urbana que a otra cosa.
  • Si no queremos irnos a Rusia a ver las esculturas famosas en Italia, concretamente AQUÍ, recibiendo al visitante a la entrada de los jardines del Palacio Real de Nápoles, podemos encontrarnos con dos copias a las que hay en el puente Anichkov conocidas como "Cavalli di Bronzo" y que fueron donadas en 1846 por el Zar Nicolás I a la ciudad en gratitud a la hospitalidad recibida durante un viaje realizado. Por cierto, como se puede ver los caballos napolitanos tienen herraduras...
  • Otras dos esculturas también fueron donadas por el Zar a Federico Guillermo IV de Prusia y actualmente se encuentran en el parque Kleistpark en Berlín como podéis ver AQUÍ y AQUÍ bajo el nombre de Rossebändiger. Estas esculturas se encontraban antiguamente en el Berlines Schloss el cual fue derruido en la guerra y sustituido por el ya desaparecido Palast der Republik y que se ha empezado a construir de nuevo en el enorme solar dejado por su antecesor... ¿volverán los Rossebändiger a su ubicación "original"?

2 comentarios:

  1. Lo que debe volverse es a denominar, a tan grande y heroica ciudad, como: LENINGRADO. ..!!!

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  2. Sin olvidar todas las obras de ingeniería civil que dirigió Agustín de Betancourt, a principios del siglo XIX. Acabaron nombrándole mariscal del ejército ruso. Se marchó de España cuando Fernando VII cerró la Escuela de Ingenieros de Caminos para abrir una de tauromaquia. ¡Qué país y qué paisanaje!

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